Archivo de la categoría ‘Mitología’

Sobre lo otro…

Cuando aquello que nos sucede, no nos gusta, solemos atribuirlo al destino…

(Elfen) ۞

۞ Dentro del folclore de los antiguos germanos, jugaban un papel muy importante los elfos (Elfen o Elben), cuyo nombre está emparentado con el latín albus (blanco), y que consistían en criaturas blancas, benéficas, que se contraponían a otros seres malignos como los enanos. Goethe escribió un poema llamado «Erlkönig» dedicado al rey de los elfos, sin embargo «Elvenkönig» es la palabra adecuada para «rey de los elfos» en alemán. Esta confusión surgió debido a que Goethe, al escribir su poema, se inspiro en un poema que Herder llamó «Erlkönig» en alemán debido a que lo tradujo mal de «Ellerkang», que en danés significa «rey de los elfos».

(Wikipedia)

Naturalezas (humanas)

 

“Hasta de las piedras más toscas surgen líquenes”.
Utnapishtim
(en Babilonia, y también conocido como Ziusudra por sumerios y Atrahasis por acadios) es un personaje presente en el mito del diluvio mesopotámico; siendo además el sabio al que recurre el héroe mitológico Gilgamesh, para poder encontrar la inmortalidad en El Poema de Gilgamesh. En algún texto es mencionado como «hijo de Ubartutu o Ubara-Tutukin», pero por otras fuentes se podría conjeturar que es su abuelo. En otro libro «SU-KUR-LAM», es traducido «Suruppak», similar al nombre de la ciudad, Sukurlam, aparece como padre de Ziusudra «Ziusudra sucedió a su padre Sukurlam, como rey de Shuruppak». En otro texto, Utnapishtim escribe a su hijo Ziusudra, y también se refiere a él como «hijo de Ubartutu». Por lo tanto no está claro si Ziusudra era él mismo, su hijo o su hermano (en el caso que hayan sido ambos hijos de Ubartutu).

Reencarnaciones


Al despertar recordó su sueño. Resultaba inquietante: se había visto a si mismo dentro de una burbuja. Intentaba recordar cómo era su forma de ver antes de ese suceso. No podía, ahora únicamente percibía imágenes borrosas, distorsionadas, irreconocibles. Tampoco escuchaba los sonidos y las palabras como antes y eso le producía una enorme angustia.

Siempre se había sentido seguro de si mismo, de su forma de hacer y actuar, sin embargo ahora andaba perdido, sin rumbo, impotente. De pronto le pareció oír voces, ahora sí reconocibles… “con cuidado, respire fuerte y empuje”.Sin saber cómo ni por qué, de pronto se vio impelido por una fuerza extraña hacia un lugar que desconocía. Transcurridos unos minutos se sintió azotado y de su garganta surgió un gemido enorme en forma de llanto. Lo último que percibió fueron unas voces que decían “es un niño, es un niño…”Se acurrucó replegándose sobre sí mismo contrayendo las extremidades inferiores y superiores, bajó su cabeza hacia el pecho y, en ese instante, supo que ya no volvería a ser el que había sido.

de : “Reencarnaciones”  —  Ed. Sistémica – 2006

Adri  Bhaskara . Nacido en Delhi en 1966, hijo de un  Bráhman (Conviene distinguir la divinidad Bráhman (con mayúscula) del brahmaná o sacerdote, quien —dentro del sistema hindú de castas— es el superior de los cuatro grupos sociales).Aún y siendo hijo de una “divinidad”, pronto descubrió lo mundano y sus inclinaciones hacia las distintas formas de conocimiento. A edad temprana se aproximó a la literatura occidental por la que se sintió fascinado, es especial por la inglesa (probablemente fruto del colonialismo británico que imperó durante años).  Esa inclinación le llevó a cuestionar los principios de ambas versiones empeñadas en interpretar el mundo. Ese sentir fue la semilla que le impelió a escribir.

El sombrero


En el barrio hace días que no se habla de otra cosa, ese sombrero que apareció en un banco de la plaza donde generalmente puede verse a ancianos y jubilados con mirada perdida y en ocasiones vacía.

Nadie ha sido capaz de encontrar explicación. Ese sombrero, un libro de autoayuda de Bucay y una nota en la que se dice: “Vivir es la única autoayuda”… 

Así arranca la novela “El sombrero”, un viaje de introspección alucinante en el que conviven ángeles y demonios, situaciones vitales extremas que transportan al protagonista a experiencias únicas.

EL SOMBREO – Ed. Artigas 2009

Lo Petit (seudónimo de Carles Malniu)

Carles Malniu:

Nacido en Castellar de N’Ug en 1960.

Cursó estudios universitarios de Física Cuántica y durante algún tiempo compaginó su actividad docente como adjunto interino en la URL con su necesidad de escribir.

“El Sombrero” es su única novela publicada, y como él dice: “Cambié la Física por la Metafísica”

Levedades

“Vivir la levedad, en levedad. No ir más allá de la experiencia de sentirse suspendido, en ausencia de esa gravedad que nos mantiene aferrados a los sentidos”…

 Levedades  de Jean Telill

Así arranca la única novela de Jean Telill, nacido en Osseja un 10 de agosto de 1968. El ambiente rural y fronterizo le proporcionó estímulos suficientes que aprovechó tanto en la escuela pública como después en Perpignan, donde cursó una licenciatura Agro-Pecuaria (“En ese momento no existían licenciaturas medioambientales” manifiesta con sorna en ocasiones).

Dedicado a sus dos pasiones fundamentales: cuidar la naturaleza y escribir. Así transcurre su tiempo.

Colabora en diversa publicaciones, destacando entre otros un artículo publicado en 2001 bajo el título “Decadencia del homo ceretano” . En él se explaya con ironía respecto al cambio de costumbres de la población autóctona a partir del boom inmobiliario.

 

Vivir, después del instante…

Sobre eso que venimos a denominar Fotografía

(Reflexiones del Editor, en ausencia del Autor)

Roberto Arnau

Tuvo la impagable oportunidad de conocer a Henri Cartier-Bresson en 1983, lo cual resultó una vez más, una experiencia que marcaría su hacer.

Del conocimiento recibido a lo largo de unas escasas horas, Roberto Arnau, decidió comprar una cámara y adentrarse en el mundo del “instante”, como así se definía a la fotografía realizada por Cartier-Bresson.

Fueron necesarios casi 30 años para que Roberto comprendiera que no existe “el instante”, si no que existen tantos instantes como miradas.

Una vez fallecido el Gurú, compró una cámara digital (nada que ver con la Leica de Cartier) pero sí adaptada a esa nueva era digital: Lumix LX3, con óptica Leica y tecnología Panasonic. Por principio de respeto, decidió utilizar la cámara cómo si de una “analógica” se tratara, es decir, que el hecho de que la cámara digital permitiera tomar 5.000 instantáneas en su tarjeta de memoria, para después borrar las no deseadas, como si esos instantes no hubieran existido, no se correspondía en nada a su manera de obrar.

Optó por sujetarse a las mismas reglas del «analógico»: economía de medios (tener mucho no necesariamente significa tener más).

Para Roberto, la cultura de “usar y tirar”, sin desmerecerla, no formaba parte de su ámbito, de su forma de ser. Andaba convencido que la utilización adecuada de los recursos que el siglo XX y XXI ofrecen, resultaba la forma más constructiva para  expresar aquello que se percibe. En cualquier caso, para avanzar respecto al “Homo erectus”.

Resulta inquietante seguir sus creaciones, ya sean fotográficas, literarias o pictóricas, puesto que siempre desconciertan.

Es un enigma por qué Roberto Arnau decidió desaparecer, cuando las ventas de sus publicaciones generaban ingresos sustanciales, si bien en ningún momento han sido reclamados por el autor.

Mitos y leyendas urbanas…

Según la leyenda, Zeus estaba enamorado de Europa y decidió seducirla o violarla, siendo ambas versiones casi equivalentes en la mitología griega. Se transformó en un toro blanco (o poseyó a uno) y se mezcló con las manadas de su padre. Mientras Europa y su séquito recogían flores cerca de la playa, ella vio al toro y acarició sus costados y, viendo que era manso, terminó por subir a su lomo. Zeus aprovechó esa oportunidad y corrió al mar, nadando con ella a su espalda hasta la isla de Creta. Entonces reveló su auténtica identidad y Europa se convirtió en la primera reina de Creta. El acto amoroso tuvo lugar bajo un plátano, árbol que según la mitología debe el que sus hojas sean perennes a este acontecimiento.

Zeus le dio tres regalos: Talos, un autómata de bronce; Laelaps, un perro que nunca soltaba a su presa; y una jabalina que nunca erraba. Más tarde Zeus recreó la forma del toro blanco en las estrellas que actualmente se conocen como la constelación Tauro. Algunas leyendas cuentan que este mismo toro fue con el que se topó Heracles, y que finalmente engendró al Minotauro. (Wikipedia)

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