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Me narraron hace poco una historia sobre un potro…

“El verano pasado nació un potro en la yeguada que poseo. Como sabes, al llegar el verano  subimos a los caballos a altitudes superiores con el fin de que sigan alimentándose con hierba fresca. A puertas del otoño, bajamos a los caballos de nuevo al valle y ahí pasan el invierno.
En esta ocasión, en el regreso al valle, faltaban una yegua y un potro. No aparecieron por mucho que les busqué.
Hacia finales de noviembre, los Forestales, me avisaron de que habían divisado una yegua muerta cerca de unos riscos. Subí siguiendo sus indicaciones y pude comprobar que se trataba de mi equina, pero ni rastro del potro. Busqué durante días y al fin le encontré. Malnutrido, esquelético, más hacia allá que en este mundo… Le bajé y traté, infructuosamente, que alguna de las yeguas que habían parido le adoptara. Finalmente y como recurso absurdo pensé, ponlo con las vacas…ahí pasó el invierno, alimentándose junto a ellas y recuperándose de su malnutrición. Llegó de nuevo la primavera y  los potros pastaron en hierba fresca, crecieron y se hicieron hermosos animales”

Hermosa historia, ¿no?
Pero en las historias siempre hay un final…
Que corra la imaginación-