reirse

Reír, reírse. Algo tan simple y tan difícil de encontrar.

Sin embargo, en ocasiones, es posible encontrar narraciones que aportan un soplo de aire fresco y constituyen por sí mismas una terapia. Para mí así ha sido “Catalanes todos” de Javier Pérez Andújar.

En días en los cuales la sesión de quimio se convierte en el napalm celular, resulta indispensable no perder la sonrisa, reír, reírte de la situación, de verte enchufado a un gotero. El día de la verbena de San Juan solté: “mira por donde hoy tomo el cava por vía intravenosa”.

La novela y la obra de teatro de Javier me han acompañado alguno de estos días y ha significado una elevada dosis de risoterapia.
Imagino que en algunos círculos ha levantado ampollas y no habrán sobrado las críticas negativas, pero ya se sabe y se conoce suficientemente las reacciones de los regímenes ante los versos de algún juglar que va más allá de lo oficialmente establecido.

Algo parecido sucedió en su día con “Ubú President” de Els joglars.

Personalmente ando más cerca de la literatura de Andújar, Marsé , Montalbán, Moix, Mendoza, etc. que de otras.
Pertenezco a la generación de los 50, es decir que ando trabajado. Viví esa Barcelona que describe, las inundaciones y la nevada del 62, las Ramblas del Sherif a quien veía siendo adolescente cuando iba a visitar a mi abuela en una travesía de la calle Hospital.

Las construcciones de los barrios periféricos en uno de los cuales viví, “El Congrés, llamado Congreso en la época”. Mi vida socializada transcurría entre El Congrés, Las Ramblas y la Plaza Tetuán, amén claro está de la escuela y el cine de barrio y la calle. Entonces los niños jugábamos en la calle.

Con casi 15 años, al ponerme a trabajar en una agencia de publicidad en Diagonal/Tuset, no descubrí que existía “otra Barcelona”, la de la gente guapa, con recursos económicos y unas vidas de las cuales sólo había tenido conocimiento, hasta entonces, a través de las películas. Existían realmente. Mientras, en ese otro mundo periférico, las gentes trataban de acomodarse buscando lo mejor para sí y para sus hijos.

Esa es la Barcelona que la novela de Javier describe a través de sus páginas, con socarrón sentido del humor.
Gracias.