Publicaciones Etiquetadas ‘Julio Cortazar’

El lápiz

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Cuando se levantó aquella mañana intuyó que había llegado el gran día. Ya no más demoras ni excusas baratas. Supo en ese instante que iba a escribir un relato. Nunca lo pensó de manera seria, es más, ni tan siquiera tenía las mínimas nociones de cómo componer un texto literario, sin embargo la tarde anterior anduvo leyendo unos cuentos de Cortazar e imaginó sería bagaje suficiente para emprender el reto de convertirse en escribidor.

Colocó diez folios en blanco sobre la mesa y eligió para la escritura un lápiz Pilot de color calabaza, de esos con minas recargables del 0,9.Consideró que era el medio adecuado para la escritura, ya que por el grosor de las minas se evitaba esa engorrosa sensación de frustración que producen las de 0,5 al romperse con la mínima presión. El lápiz lo había encontrado hacía algunos años en una calle peatonal del barrio de El Clot, en Barcelona. En su momento le pareció extraño que nadie lo hubiera recogido, vista la estridencia de color y el contraste que se producía con el gris de las baldosas. Leer más

Ficciones y realidades, o no.

Es posible que Cortázar no haya muerto. Ni siquiera vivido. Es posible que lo esté imaginando yo todo.

Cronopios

“Cuando los cronopios cantan sus canciones preferidas, se entusiasman de tal manera que con frecuencia se dejan atropellar por camiones y ciclistas, se caen por la ventana, y pierden lo que llevaban en los bolsillos y hasta la cuenta de los días.
Cuando un cronopio canta, las esperanzas y los famas acuden a escucharlo aunque no comprenden mucho su arrebato y en general se muestran algo escandalizados. En medio del corro el cronopio levanta sus bracitos como si sostuviera el sol, como si el cielo fuera una bandeja y el sol la cabeza del Bautista, de modo que la canción del cronopio es Salomé desnuda danzando para los famas y las esperanzas que están ahí boquiabiertos y preguntándose si el señor cura, si las conveniencias. Pero como en el fondo son buenos (los famas son buenos y las esperanzas bobas), acaban aplaudiendo al cronopio, que se recobra sobresaltado, mira en torno y se pone también a aplaudir, pobrecito.”
(Julio Cortazar – El canto de los cronopios)

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