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“Se despertaba cada mañana sudorosa, angustiada y cansada. Desde hacía treinta días, soñaba con la misma pregunta: ¿Tiene forma el alma?

Si no hubiera sido per ese episodio,  Ernestina hubiera venido a denominarse lo que comúnmente se llama una mujer normal.

Sin embargo desde entonces comenzó a comportarse de una manera algo extraña. Ella que, por su profesión de farmacéutica con negocio propio, se había ganado el respeto de la comunidad, amigos y conocidos.  Ella, defensora de derechos y causas nobles  (más de doscientas peticiones a través de Change.org), se había sumido en un descomunal estado de  desazón.
Y, si tiene forma ¿cómo será?.  Y si, no la tiene, ¿por qué me preocupo? ¿Y si en realidad el alma no existe?…
Esos pensamientos, esas emociones íntimas que siempre resultaban refractarias, por muchos esfuerzos en compartirlas con los demás, la llevaron a su decisión…”

 Nunca es triste la verdadRelatos discontinuos.
 Ernestina en Facebook
Pueden verse en :Nunca es triste la verdad, si no ha más remedio…